El Flautista de Hamelin

Cuento Clásico de El Flautista de Hamelin
Hace muchos, muchos años, existía un pueblo llamado Hamelin, rodeado de montañas y campos verdes. Era un lugar tranquilo y bonito, donde la gente vivía feliz. Pero un día ocurrió algo terrible: una plaga de ratas invadió el pueblo.
Las ratas estaban por todas partes: corrían por las calles, se metían en las casas, roían los muebles, robaban la comida y asustaban a los niños. Nadie sabía de dónde habían salido ni cómo deshacerse de ellas. Los habitantes estaban desesperados.
El alcalde y los concejales se reunieron muchas veces, pero no encontraban solución. Intentaron trampas, gatos y hasta hechizos, pero nada funcionaba.
Hasta que un día, llegó al pueblo un hombre muy especial. Era alto, llevaba una capa de colores, un sombrero puntiagudo y una flauta colgada del cinturón. Se presentó en la plaza del pueblo y dijo:
—Soy un flautista mágico. Si me pagáis una recompensa justa, haré desaparecer todas las ratas de Hamelin.
Los vecinos se miraron sorprendidos. El alcalde, viendo que no había otra opción, aceptó:
—Si lo logras, te daremos una gran bolsa de oro.
El flautista sonrió, sacó su flauta y comenzó a tocar una melodía suave y mágica. En ese momento, todas las ratas comenzaron a salir de los rincones: del suelo, del río, de los tejados y hasta de los pozos. Cientos de ratas lo siguieron como si estuvieran hechizadas.
El flautista caminó hacia el río mientras seguía tocando, y todas las ratas lo siguieron. Una vez allí, se metió en el agua, y las ratas también. Así, desaparecieron para siempre. ¡El pueblo estaba libre!
Los vecinos celebraron y aplaudieron, pero cuando el flautista fue a recoger su recompensa, el alcalde cambió de idea.
—¡Eso fue demasiado fácil! No te daremos una bolsa de oro. Toma estas monedas y considérate bien pagado.
El flautista miró al alcalde en silencio. Se dio la vuelta y se marchó del pueblo… pero no se había ido para siempre.
Al día siguiente, volvió. Esta vez tocó una melodía muy distinta, alegre y llena de magia. Pero no aparecieron ratas… aparecieron los niños del pueblo, que salieron de sus casas, riendo y bailando mientras seguían al flautista hacia las afueras de Hamelin.
Los padres, al darse cuenta, corrieron tras ellos, pero no lograban alcanzarlos. Entonces el alcalde, muy preocupado, pidió perdón:
—¡Por favor, perdónanos! No cumplimos lo prometido. Te daremos la recompensa justa, pero por favor, trae de vuelta a los niños.
El flautista, viendo el arrepentimiento sincero del pueblo, aceptó. Tocó una nueva melodía y, poco a poco, los niños regresaron sanos, salvos y felices.
Desde ese día, en Hamelin se aprendió una gran lección: siempre hay que cumplir lo que se promete, y nunca se debe tratar con injusticia a quien actúa con bondad.
🧠 Moraleja del cuento
Cumplir las promesas es muy importante. Cuando actuamos con justicia, respeto y responsabilidad, construimos un mundo más amable para todos.
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